Decidí visitar la Casamance en Senegal porque una amiga me explicó sobre el proceso de iniciación que viven los diola cuando pasan de niños a adultos.

De 15 dias a dos meses parten los hombres por un lado y las mujeres por otro a reunirse en el bosque y convivir ahí mientras los mayores transmiten las enseñanzas de su cultura y su buen vivir a los más pequeños.

Días de convivencia en la naturaleza, con tus hermanos, con tu gente, que te prepararán para vivir de una forma verdadera el resto de tu vida. 

Después de muchos años practicando la meditación y el camino rojo (el camino de los chamanes de America del Norte) el oír de estas prácticas me llamó mucho la atención y un deseo de conocer esa cultura apareció en mi.

Y así fue cuando conseguí un tiempo libre en la clínica donde trabajo , cogí a mi hijo, hicimos mochilas y nos embarcamos en un viaje hacia la alta Casamance, llamada por sus habitantes “Casa”, que es el núcleo de las prácticas animistas menos afectadas por la religión musulmana que invadió el país años atrás.

Y ahí empezó la aventura que se convirtió en este sueño de convivencia de culturas, de aprender de los unos de los otros y avanzar hasta un nuevo “saber vivir” lejos del consumismo voraz que el mundo actual nos enseña.

La Casamance es una región histórica y natural de Senegal, justo en al Sur de Gambia, en la zona del río Casamance. Es una región completamente diferente al resto de Senegal, pues al estar alejada y separada por Gambia, se ha mantenido apartada del resto del pais. 

Sustentada por el río Casamance y sus incontables manglares, esta región de Senegal es rica en agua y alimentos. Sus playas vírgenes y sus bosques sagrados, hacen de este lugar mágico. Allá la naturaleza sigue igual que antaño, mostrando su vida a través de los árboles ancestrales, a través de sus pájaros coloridos y el rugir de la mar.

La Casamance es una tierra de fuerza, de tradición y de lucha por su modus vivendi. Una cultura de tierra, de conexión con los ancestros y de comunidad. El grupo étnico que predomina son los diola. Un pueblo siempre sonriente, abierto y amigable.

Con una tradición ancestral, lengua y pensar, los diola cuentan con una historia de resistencia para mantener su cultura y sus tradiciones que guardan orgullosos en su corazón.

El conocimiento del bosque, de los ancestros, del vivir en comunidad…Es transmitido de generación en generación celosamente para mantener “el buen vivir” de la comunidad y de las familias.

Pero la Casamance, como todo Africa, guarda su historia de colonialismo, explotación y carencia de amor dada por otras culturas. Africa se ha mantenido como un lugar no visto con los ojos del corazón para compartir y crecer de la mano. Un lugar de recursos naturales a ser explotados por una sociedad occidental hambrienta de poder.

Y así, sintiendo el dolor por el olvido, por la falta de una mirada de amor a todo un continente,  sentí que ahí debíamos construir algo. Algo surgido desde el corazón, sin expectativas. Algo construido por  el puro amor de dar, de compartir, de comprender. Y poner la mirada ahí donde nadie la pone y así, empoderar con el amor a esa tierra, a esa gente que trae consigo la sabiduría de la tierra y de la comunidad.