Donde empezó todo…

Cada lugar en este mundo tiene una energía y un propósito diferente.

Cada lugar tiene una vibración, y los habitantes de él muestran las diferentes miradas que podemos darle a este mundo, a este sueño, y aprender a descubrirnos en él de otra manera.

En mis 36 años he viajado por todo el mundo y sobretodo he podido vivir la profundidad de India a través de mi maestro Bhagavan, un maestro espiritual como pocos.

 Los secretos del espíritu, del amor y de la paz han sido y son mi razón de ser llevándome a investigar en todos los campos de mi misma y tratando de descubrir cómo podemos vivir en este mundo de formas amando a todos en paz.

En India aprendí del Ser y practiqué la pura atención al vacío. Nada es real… Este mundo no es real…Sólo la conciencia, Brahman, son reales. Y así, mucho tiempo practicando…mucho tiempo limpiando el corazón y tratando de entender esa Verdad que tantos sabios descubrieron y que consiguieron asentar en sus corazones, y así amar asombrosamente al resto de la humanidad.

Recuerdo perfectamente cuando mi maestro me soltó en medio de todos sus discípulos que lo escuchaban atentos «Ya Paula, empieza a viajar!. Estoy muy contento con tu devoción hacia Mí, ahora, quiero esa misma devoción hacia los demás»

Al volver a Barcelona como si me hubieran dado un bofetón bien grande y de repente tuviera que afrontar una verdad que no había afrontado en todos esos años. Si quería amar, debía abrir los ojos al mundo, a esa humanidad que o se están matando los unos a los otros, o viven en una nube de materialismo sin un ápice de ese amor que mi maestro me había enseñado ahí en Calcuta.

Tenía que mirar eso, y es más, mezclarme con eso y poder ver ese amor que subyace a todo.

Debía disfrutar del mundo, pues el mundo, era esa conciencia que había conseguido ver en mi.

En resumen, debía poner en práctica todo eso que había aprendido en el laboratorio de un ashram y de una vida medio ascética y empezar a aplicar sin miedo.

Recuerdo cuando mi amiga Laura, en aquel entonces mi paciente como dentista, me contó sentada en el sillón sobre Senegal y los animistas de la Casamance.

Me contó como había estado de cooperante como arquitecta en un pueblo donde los muchachos salían hacia el bosque por unas semanas para alejarse de todo y transmitir su cultura y tradición de los mayores a los jóvenes a través de ceremonias y estancias que pueden llegar hasta dos meses integrados completamente en la naturaleza. Ahí aprendían a vivir en cualquier situación, a compartir con otros y toda base para crear una buena familia.

Al oir esta historia inmediatamente algo se iluminó en mi.   

Después de muchos años viviendo “bien alto” sentía que debía empezar a tocar de pies a tierra y sabía de corazón que debía empezar a aprender a vivir con aquellos que sabían vivir de verdad en este mundo en harmonía y en paz.

Y así, con esta misión en el corazón me fui a Senegal sin saber porqué y sin entender porqué esa urgencia y esa dicha al pisar el suelo de esa región del mundo,.

Y en ese caminar me enamoré del lugar, de su gente, de sus niños, de sus árboles y de su “poca conquista occidental”. 

Algo me decía (y me lo decía rápido) que ese lugar era un lugar para crear algo. Bosques sagrados, niños sonrientes , pueblo de corazón increíble… 

Algo para construir un lugar donde pudiéramos compartir algo de nosotros para poder aprender de la harmonía del lugar, de la cultura de su gente y su secreto para ese saber vivir en consonancia con la naturaleza.

Un lugar para aprender a vivir de otra manera, para un vivir feliz y consciente. 

Y en ese rezo de tierra, de comunidad, de crear algo para todos… conseguimos una tierra en Bucott Diola, un pueblo precioso en el corazón de la Casamance Animista.

Y en este viaje salimos en coche …. Para dejar un coche ahí y empezar la construcción de este proyecto surgido del corazón…